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UNA OPCIÓN DE MODA: LAS CONVERSE

Las “Chuck Taylor All Star”, del fabricante estadounidense Converse, son un claro ejemplo de cómo, un calzado, inicialmente pensado para uso deportivo, puede llegar a convertirse en todo un icono de moda. Nacidas a principios del siglo pasado, tienen su origen en una empresa fundada en 1908, en la pequeña localidad de Malden (Massachusetts), por un fabricante de calzado llamado Marquis Mills Converse.

Vista trasera de las convers all-stars.Centrado en la fabricación de calzado de caucho impermeable adaptado al rigor de los inviernos de Nueva Inglaterra, Converse no comenzaría a producir deportivas hasta 1915 en que decidió sumar, a la calidad de sus suelas de goma, un cuerpo textil tejido en lona. Así nació un calzado cómodo y ligero que, en 1917, se llamó “Converse All-Star Basketball”. Sin embargo, no fue hasta 1923, con la incorporación a la empresa del jugador Charles H. “Chuck” Taylor, que el modelo adquiere proyección nacional.

Entre sus virtudes destacaban el uso de un tejido de lona que, hecho en algodón con una trama de punto ancha, reducía la aparición de ampollas durante los partidos. También su inconfundible puntera de goma, que protegía los dedos en el transcurso de los lances del juego, así como una gruesa suela del mismo material, heredera de los primeros calzados invernales diseñados por la firma. Como curiosidad, señalar que el parche circular, situado en la zona interna del tobillo en el modelo original, pretendía proteger dicha zona de roces y llevó, a partir de 1932, escrito el nombre de Chuck Taylor en honor a quien hizo tanto por promocionar el baloncesto en general y la marca en particular, entre la juventud y los estudiantes norteamericanos.

Calzado oficial del equipo estadounidense ganador de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, Converse, a instancias de Chuck, realizó para la ocasión la que puede entenderse como versión final del modelo “All-Star Basketball”. Fabricadas en lona blanca, incorporaban en el lateral de su suela, también blanca, una línea roja y una azul rememorando los colores de la bandera nacional. De este icono se han vendido, en todo el mundo, 270.000  unidades al día en sus distintas versiones.

Desde un punto de vista biomecánico, las Converse están superadas por otros modelos para la práctica deportiva y como todo “calzado sujeto a tendencia” o “trendy shoe”, su uso debería ser ocasional, sopesando lo que nos aportan como imagen en el plano personal y lo que nuestro pie requiere por morfología o actividad. No aptas para caminatas largas, se diseñaron para facilitar el agarre, la flexibilidad y la capacidad torsional que debe tener el calzado de baloncesto, carecen de un contrafuerte estable o un arco interno definido. Por otro lado, una de sus grandes virtudes en la cancha, su puntera redondeada de goma, puede entrar en conflicto con la lámina ungueal en sujetos que presenten elevada flexión dorsal de la articulación metatarsofalángica del primer dedo, pudiendo producirse el despegue de la misma o la formación de hematomas subungueales tras microtrumatismos continuados de repetición.

Cómodas y ligeras, constituyen un claro ejemplo de un calzado que, superada su etapa deportiva, ha pasado a ser un complemento de moda cuyo uso debe realizarse teniendo en cuenta nuestra arquitectura podal, la actividad que vamos a desarrollar y la imagen que queramos transmitir.

Pablo Rodrigo Lopez, Artículo de UNA OPCIÓN DE MODA: LAS CONVERSE.

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TUS CHANCLAS Y EL VERANO

Llega el verano y nuestras playas y piscinas, pero también calles y plazas, se pueblan de un tipo de chanclas que universalmente se conoce como “flip-flop” y que en nuestro país recibe nombres tan dispares como “sandalia de dedo” o “chancla de tira”.

Descendientes de la “zori” nipona, nacen de la adaptación que de aquella hicieron los soldados norteamericanos destinados en Japón al concluir la Segunda Guerra Mundial. Así, la suela de las “zori”, confeccionada en fibra de arroz, pasó a ser de material plástico y las bandas de sujeción al pie, más anchas, se estrecharon. Integradas en el estilo de vida californiano de playa y surf en la década de los setenta, su nombre anglosajón, “flip-flop”, deriva del sonido característico que se produce al caminar con ellas.

Actualmente, estas chanclas se fabrican en caucho, silicona o EVA y su uso, estacional y asociado al ocio, difiere por completo del de la sandalia que le dio origen. Así, las “zori” se pensaron para complementar al kimono, traje ceremonial japonés, y por tanto, para ser usadas en trayectos cortos. Igualmente, se empleaban en cualquier estación del año, protegiéndose el pie de los rigores del invierno mediante unos calcetines blancos llamados “tabi” que tenían la particularidad de tener una hendidura para el dedo gordo.

Calzado típicamente veraniego, las “chanclas de tira” tienen como ventaja su fácil colocación y elevada ventilación del pie. También su escaso peso, precio económico, fácil limpieza y rápido lavado y secado. Sin embargo, debemos recordar que, por su morfología plana, su adaptación al arco plantar es nula y que con frecuencia pueden acarrear diversas lesiones si se emplean en trayectos largos. Las más frecuentes son sobrecargas en la fascia plantar, por no haber adaptación pie-arco, tendinitis en primer dedo, por compresión de la tira de sujeción y esquinces en tobillo por su nula sujeción del pie.

Calzado ocasional, deja el pie expuesto a la acción de los agentes físicos y atmosféricos, por lo que su uso se debería limitar a trayectos cortos en zonas de piscina o playa, evitándolas en trayectos largos, paseos o caminatas tanto campestres como urbanas. Por supuesto, su utilización está contraindicada en la conducción de todo tipo de vehículos, su suela flexible y escasa adaptación al pie pueden hacer que se deslicen y traben con facilidad entre los pedales de un coche o una bicicleta y no es raro que también lo haga su puntera en los diversos dispositivos de seguridad presentes en atracciones mecánicas y de ocio, así como en los escalones de una escalera mecánica o un graderío.

Pablo Rodrigo Lopez, Artículo de Tus chanclas y el verano.

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SISTEMA DE REPARTO DE CARGAS EN EL ARCO PLANTAR (I)

Desde que en 1954 Hicks publicara el artículo: “The mechanics of the foot II. The plantar aponeurosis and the arch” (J. Anat, 88 (1954), pp. 24-31) siempre que nos referimos al funcionamiento biomecánico del pie reparamos en el tándem formado por la fascia plantar y su mecanismo de windlass asociado. Sin embargo, en 2014 este concepto se vio completado por otro escrito capital, obra de Kevin Kirby: “Foot and lower Extremity Biomechanics IV: Precision Intricast Newsleters, 2009-2013” que sostiene que “…el arco longitudinal tiene un sistema único de reparto de cargas compuesto por cuatro capas: la fascia plantar, la musculatura intrínseca plantar, la musculatura extrínseca plantar y los ligamentos plantares”.

Pisada en superficie irregular.Estos cuatro elementos, en conjunción con sus partes óseas relacionadas, trabajan sinérgicamente para incrementar la rigidez del arco longitudinal durante las actividades que impliquen carga. Así, tal y como veremos en este artículo y los siguientes: “Mecanismo de reparto de cargas en el arco plantar (II) y (III)”, el pie intenta comportarse como una estructura locomotriz con un doble objetivo. El de adaptar su morfología a las irregularidades del terreno y el de modificar su rigidez de acuerdo a las distintas fases del ciclo de la marcha o las diferentes solicitaciones a que se ve sometido en un momento dado.

Dentro de los elementos que permiten este doble propósito de adaptabilidad del pie, en conjunción con rigidez variable, se encontraría el “Sistema de Reparto de Cargas en el Arco Plantar” (LALSS por sus siglas en inglés: Longitudinal Arch Load-Sharing System) descrito por primera vez por Kevin Kirby y del que vamos a hablar a continuación.

Biomecánicamente, podríamos entender por sistema “aquel conjunto de mecanismos que tienen capacidad para actuar conjuntamente en el logro de un fin concreto”. En ocasiones cada uno de los mecanismos cumple una función especializada y el conjunto de ellos logra un fin superior y en otros, como el que nos ocupa, cada mecanismo realiza, de diferente manera, la misma función lográndose, de este modo, que a pesar de fallar uno de ellos se asegure la función final del sistema.

Arco Plantar: Mecanismos a compresión y tensión

Entre los mecanismos implicados en este “Sistema de Reparto de Cargas en el Arco Plantar” podemos citar, según su modo de trabajo:

  1. Mecanismos a compresión: estructura ósea del retropié y el antepié.
  2. Mecanismos a tensión: fascia plantar, musculatura intrínseca plantar, musculatura extrínseca plantar y los ligamentos plantares.

Los huesos del pie y sus respectivas articulaciones configuran el marco estructural del arco longitudinal plantar. Así, el retropié (astrágalo y calcáneo) se plantarflexiona, respecto al suelo, cuando el arco longitudinal plantar se aplana y se dorsiflexiona, también respecto al suelo, cuando el arco longitudinal se eleva. En cuanto al antepié (escafoides, cuboides, cuneiformes y metatarsianos) se dorsiflexiona,  respecto al retropié, cuando el arco se aplana y plantarflexiona, también respecto al retropié, cuando se eleva.

Moviemientos en GIF del reparto de cargas del arco plantar.Este marco estructural supera el modelo arquitectónico de arco cerchado “Mecanismos de Truss Arch y Windlass (I), (II) y (III)” explicado en anteriores artículos, ya que aunque los huesos que conforman el arco plantar se encuentran sólidamente unidos entre sí por sus articulaciones y ligamentos pueden, al contrario que en una cercha clásica, desplazarse, aunque sea mínimamente, unos respecto de otros. Esta capacidad permite que el arco pueda variar su luz (distancia de antepié a retropié) y su flecha (distancia del suelo al ápice del arco) siendo una estructura de conformación variable.

Sin embargo, el arco óseo por sí sólo no es suficiente y colapsaría en situaciones de carga sin el concurso de los elementos que trabajan a tensión: fascia plantar, musculatura intrínseca plantar, musculatura extrínseca plantar y ligamentos plantares. Estos elementos aportan rigidez variable al marco óseo del arco. Veamos en el siguiente artículo “Sistema de reparto de cargas en el arco plantar (II)” cómo funcionan conjuntamente.

Pablo Rodrigo Lopez, Sistema de reparto de cargas en el arco plantar.

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LA PODOLOGÍA EN CASTILLA LA MANCHA

Con motivo de la entrega, el pasado 7 de noviembre en Albacete del “ Premio Proyección Social ” al Colegio de Podólogos de Castilla La Mancha por parte de la Cadena COPE, reproducimos las entrevistas realizadas por dicha cadena a sus delegados provinciales.

ToledoAudio de Pablo Rodrigo, delegado provincial de Toledo. Premio Proyección Social:

Ciudad RealAudio de Mariano Vellón, delegado provincial de Ciudad Real. Premio Proyección Social:

AlbaceteAudio de Francisco López Barcenilla, delegado provincial de Albacete. Premio Proyección Social:

CuencaAudio de José Antonio Oportoa, delegado provincial de Cuenca. Premio Proyección Social:

Pablo Rodrigo Lopez, Podología en castilla la mancha en cope.

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LA FASCIA PLANTAR Y LOS TRES MECANISMOS DE WINDLASS

La integridad del mecanismo de windlass, descrito en 1954 por Hicks, es parte esencial de un correcto funcionamiento del pie durante la marcha y la carrera. En los artículos “Mecanismos de Truss Arch y Windlass (I), (II) y (III)” hemos descrito las relaciones del pie con ciertos elementos arquitectónicos y de ingeniería, tratando de buscar un modelo tridimensional que explique mejor su funcionamiento. En el presente escrito ahondamos en la relación existente entre el mecanismo citado y la fascia plantar. Para ello citamos, a continuación, los tres mecanismos de windlass existentes.

En la siguiente gráfica podemos ver como varían las magnitudes de: altura del arco (h), longitud de la fascia (x) o rigidez de la misma (ri) según el mecanismo de windlass que se active en cada momento. Considerando (v) el vértice del arco, (a) antepie y (re) retropié.

Posicion neutra en los mecanismos de Windlass

Windlass activo: se pone de manifiesto poco antes del apoyo de talón, en la denominada fase de vuelo de la marcha. En esta fase, poco antes de que el talón contacte con el suelo, realizamos una hiperextensión del primer dedo por acción del musculo extensor propio largo de dicho dígito. Sería una dorsiflexión activa de la metatarsofalángica en la que, de algún modo “recogemos el cable del cabestrante alrededor del cilindro” y, tensando la fascia plantar, acercamos antepie a retropié elevando el arco plantar. De este modo conseguimos una estructura compacta que favorezca una buena fijación del talón en el suelo.

Apoyo del talón en los mecanismos de Windlass

Windlass pasivo: en esta ocasión estamos en busca del apoyo plantar total y lo que hacemos es disminuir el grado de flexión dorsal de las metatarsofalangicas. Estaríamos, con esta plantarflexión activa, “soltando el cable del cabestrante alrededor del cilindro, esto es, desenrrollándolo”. De este modo relajamos la fascia plantar, el antepie se alejaría del retropié y disminuyendo el arco podal nos adaptaríamos al terreno y absorberíamos el impacto. No nos interesa una estructura compacta en esta ocasión sino, por así decirlo, moldeable y adaptativa.

Apoyo plantar total en los mecanismos de Windlass

Windlass inverso: es el tercer mecanismo de este nombre. Ya ha concluido el apoyo plantar total y lo que queremos es elevar el talón del suelo y, trasladando toda la potencia posible al antepie, propulsarnos. En esta ocasión nos interesa fijar el pie al suelo, no ya para frenar una inercia, como sucedía en el windlass activo con el talón, sino para imprimir una aceleración. Se produce una dorsiflexión pasiva de las metatarsofalangicas, una tensión de la fascia y “el cable del cabestrante se enrolla alrededor del cilindro o tambor”. La fascia se tensa, se acerca retropié al antepie, para lograr así una estructura estable que propulse el conjunto.

]Fase de despegue en los mecanismos de Windlass

Es interesante señalar que la fascia plantar aparece en todo el ciclo de la marcha como un elemento que absorbe, almacena y entrega energía gracias a su capacidad de deformación elástica. Conocer esta particularidad, nos pone en guardia sobre la importancia que tiene mantener su integridad para un mejor desempeño de nuestras actividades diarias, tanto laborales como deportivas y de ocio. Podemos concluir este artículo diciendo que: “la fascia plantar es un biomaterial óptimo para la actividad locomotora gracias a sus cualidades de deformación elástica, pero es el mecanismo de windlass quien se encarga de optimizar estas mismas cualidades al conseguir deformaciones variables de la propia fascia a tensiones de solicitación también variables”.

Finalmente, señalar que en un artículo publicado por Kevin Kirby en el año 2014 (Kirby KA. Foot and lower Biomechanics IV) el autor sostiene que, tanto la fascia plantar, como la musculatura intrínseca y extrínseca, así como los ligamentos plantares actúan sinérgicamente para compartir las cargas a tensión que se originan dentro del arco previniendo, de este modo, la elongación del arco longitudinal y el aplanamiento del pie. Este hecho nos lleva al siguiente artículo, titulado: “Mecanismo de reparto de cargas en el arco plantar (I)”

Pablo Rodrigo, Artículo de La Fascia plantas y 3 Mecanismos de Truss arch y Windlass.

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MECANISMOS DE TRUSS ARCH Y WINDLASS (III)

En los artículos anteriores: “Mecanismos de Truss Arch y Windlass (I) y (II)”, hemos superado los modelos explicativos de “arco cerchado con ángulos fijos”, la cercha arquitectónica clásica, así como el de ”arco cerchado de ángulos móviles”, que consideraría a éstos como charnelas. Si dejamos a un lado la idea de un modelo basado en un arco lineal (bidimensional y coplanar), podemos comenzar a transitar el camino hacia una estructura tridimensional la cual, inicialmente, podría ser la de un tetraedro.

El tetraedro se considera en geometría como el simplex tridimensional. Es el poliedro más sencillo que existe y, partiendo de él, podemos intentar llegar a un cuerpo geométrico que albergue al pie. Pero antes de hacer este camino recordemos un par de nociones básicas de geometría. Así, definimos como pirámide a un poliedro que posee una base, la cual es un polígono, y varias caras laterales que son, a su vez, triángulos con vértices coincidentes en un punto denominado ápice. Este ápice o cúspide también se conoce como vértice de la pirámide aunque, en sentido estricto, una pirámide tendrá tantos vértices como polígonos la limiten.

Por otro lado, hablamos de una pirámide recta cuando la proyección ortogonal del ápice sobre la base coincide con su centroide y de pirámide oblicua cuando no todas las caras laterales de la pirámide sean triángulos isósceles. A su vez, una pirámide será regular cuando, siendo recta, tenga por base un polígono regular e irregular cuando éste no lo sea.

Si observamos el pie, podemos contenerlo en una pirámide de base triangular irregular, constituida por la fascia plantar, y ápice definido por el complejo funcional que suman las articulaciones tibioperoneoastragalina y subastragalina. En este modelo, el ápice centraría la vertical del vector de fuerza que sería transmitida a la inserción de la fascia por medio de astrágalo y calcáneo y a la parte anterior de la misma, de primera a quinta cabeza metatarsal, por medio de escafoides, cuboides, las tres cuñas y los cinco metatarsianos. Así, si aplicamos una carga en el ápice, los segmentos Vi, V1 y V5 la transmitirían a los puntos  i, 1 y 5 provocando un aumento del área de la fascia y una disminución de la altura de la pirámide. En apoyo plantar total nos interesa este comportamiento, porque favorece la adaptación del pie al terreno y contribuye a disipar energía.

Sin embargo, en el apoyo de talón y en la fase de propulsión, no podemos permitirnos una fascia “relajada” la cual es sinónimo de inestabilidad. Precisamos de una estructura que facilite y estabilice el contacto talón-suelo y que, a su vez, facilite y estabilice la propulsión de las cabezas metatarsales-suelo. Para lograr este cometido la fascia debe, por así decirlo, tensarse y conseguir, mediante esta vía, que los complejos articulares interesados pierdan rango de movimiento y brinden estabilidad al pie. Así, mientras que en el apoyo plantar total la fascia incrementa su área y el antepie se ensancha, aumentando la distancia entre primera y quinta cabeza metatarsal, gracias a que el mecanismo de windlass permite la plantarflexión activa de los dedos, en el apoyo de talón y en la fase de propulsión la fascia busca tensarse y lo hace gracias a que el mecanismo de windlass actúa dorsiflexionando los dedos activamente en la primera y pasivamente en la segunda.

Es por ello que distinguimos tres mecanismos de windlass. El mecanismo de windlass activo en el choque de talón, el mecanismo de windlass pasivo en el apoyo total y el mecanismo de windlass inverso en la fase de propulsión. Todos ellos destinados a regular la tensión de la fascia según las solicitaciones que recibe el pie. En el siguiente artículo: “La fascia plantar y los tres mecanismos de windlass”, veremos cómo se integran.

Pablo Rodrigo Lopez, Artículo 3: los Mecanismos de Truss arch y Windlass.

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MECANISMOS DE TRUSS ARCH Y WINDLASS (II)

En una cercha, tal y como vimos en el artículo: “Mecanismos de Truss Arch y Windlass (I)”, los elementos estructurales constitutivos son rígidos y coplanares, lo que permite, tanto en ingeniería como en arquitectura, salvar grandes vanos o luces así como soportar cubiertas ligeras. Sin embargo, en el pie hay tres diferencias básicas: la fascia o tiranta de la cercha no es rígida, los vértices o nodos no están fijados y la disposición de los elementos estructurales no es coplanar.

Analizando las dos primeras diferencias, sabemos que, histológicamente, la fascia y el hueso son tejidos distintos. Esto determina propiedades mecánicas diferentes en los componentes de este modelo de “arco cerchado”. Funcionamiento del modelo Truss Arch.Así, si bien los huesos pueden considerarse elementos rígidos, no puede decirse lo mismo de la fascia. Esta circunstancia, que en una cercha tipo sería un inconveniente, constituye, en el pie, una ventaja competitiva. Así, una tiranta elástica nos permite trabajar con las fuerzas a compresión y  tracción expresadas en los nodos, impidiendo que los puntos A y B se alejen, siempre y cuando su tensión se pudiese ajustar a aquellas, pero, además, facilitaría variar la altura (flecha) del arco y su longitud (luz).

Para visualizar este modelo, imaginemos que los vértices del triángulo no son fijos y actúan como charnelas. Si aplico una carga en el vértice superior los puntos A y B se alejan, disminuye la flecha del arco y aumento su luz. Si quiero que la distancia entre A y B permanezca constante, al aumentar la carga en el  vértice, debo colocar una tiranta flexible que aguante mayor tensión. Dada la imposibilidad de cambiar la tiranta a cada  valor de carga, la naturaleza se dotó, para resolver esta situación en el pie, de una tiranta flexible (la fascia plantar), un punto de tracción fijo (la inserción de la fascia en el calcáneo), un cabestrante (las articulaciones metatarsofalángicas, principalmente la primera) y un arco óseo con ápice en la articulación mediotarsiana.

Esta estructura permite, por acción de los distintos mecanismos de windlass que existen: activo, inverso y pasivo, una adaptación permanente de la tensión de la fascia, la tiranta flexible del modelo, a las necesidades, también variables, de conformación del arco plantar que aparecen en la marcha.

Posocionesdel pie al correr.

Así, sabemos que necesitamos, por distintas razones que analizaremos en el artículo “Los tres mecanismos de Windlass”, un arco compacto en la fase apoyo de talón, uno más inestable o flexible, para adaptarnos al terreno y amortiguar carga, en la fase de apoyo de mediopie y otro, de nuevo compacto, para favorecer la propulsión en la fase de despegue del pie del suelo.

Cartabon y tetraedro.En cuanto a la tercera diferencia con el modelo de “arco cerchado”, sabemos que los elementos que conforman la estructura citada anteriormente no son coplanares. Así, aunque considerásemos como elementos integrantes de un mismo arco a las dos falanges del primer dedo, su metatarsiano correspondiente, la primera cuña, el escafoides, el astrágalo y el calcáneo, todos ellos no se encuentran, rigurosamente, en un mismo plano. Por ello en el pie parece, cuanto menos, más aproximado hablar de una estructura tridimensional conformada por tetraedros, cuya relación con el mecanismo de windlass relatamos en el siguiente artículo, en lugar de hacerlo de un arco lineal.

Pablo Rodrigo Lopez, Artículo 2: los Mecanismos de Truss arch y Windlass.

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MECANISMOS DE TRUSS ARCH Y WINDLASS (I)

El objeto de estos artículos titulados: “ Mecanismos de truss arch y windlass (I) (II) y (III) ” es repasar el funcionamiento del llamado “mecanismo de windlass” en el pie y ponerle en relación con ciertas estructuras derivadas de la ingeniería civil como son el “truss arch” o “arco cerchado” y el llamado “puente de arco simple”. 

En el año 1954 Hicks describe en el pie el “mecanismo de windlass”, término procedente de la náutica y que puede traducirse por “cabestrante” o “torno”. Por tal entendemos un rodillo o cilindro que, con capacidad de girar alrededor de su eje, es movido por elementos manuales o mecánicos y al que se une un cable que soporta o mueve una carga en su extremo libre. Lo interesante de estos dispositivos no es sólo la traslación de carga, sino la capacidad que tenemos de aumentar o disminuir la tensión en la propia cuerda, enrollando o desenrollando la misma alrededor del cilindro de giro. Un símil interesante son los “motores winch” o “cabestrantes” empleados en los vehículos todoterreno y que pueden ayudarnos a comprender el “mecanismo de windlass” en la fascia plantar.

Tipo de pisada.Así, durante el paso la fascia plantar actuaría como el cable y las articulaciones metatarsofalángicas, principalmente la del primer dígito, como cilindro o tambor. El extremo libre podría identificarse con la inserción de la fascia en el calcáneo. Si en apoyo plantar total elevamos el talón y dorsiflexionamos las metatarsofalángicas, la fascia comenzaría, por así decirlo, a enrollarse alrededor del cilindro y aproximaría el talón al antepie aumentando su tensión. El resultado visible es una elevación del arco plantar y la supinación del pie. Hechos que, junto a la rotación externa de la tibia y la puesta en tensión del tendón de Aquiles convierten la estructura pierna-tobillo-pie en una unidad compacta y estable preparada para un despegue eficiente.

Mecanismos de truss arch.Pero… ¿qué sucede más arriba de la fascia? Volviendo a Hicks, éste nos habla de que los huesos y ligamentos del pie se disponen en forma de un arco triangular. En este triángulo de lados desiguales, tenemos un lado mayor, la fascia plantar y dos menores, los huesos del retropié y del antepie. En ingeniería sería una estructura conocida como “truss arch” o “arco cerchado”. Hay un vértice superior, en el que se aplica el peso del cuerpo y que corresponde a la articulación mediotarsiana y dos inferiores, la inserción de la fascia en el calcáneo y las metatarsofalángicas, que están, ambos, en contacto con el suelo. Cercha de Madera.Estos puntos se conocen en ingeniería como nodos  de la cercha y en ellos se ponen de manifiesto las fuerzas que a tracción o compresión la estructura soporta. Del mismo modo, serían elementos de la misma aquellos que conforman los lados del triángulo, huesos y fascia, que transmiten, a su vez, las fuerzas a los nodos.

Si en una cercha aplicamos carga en el vértice superior, los nodos A y B tienden a separarse a izquierda y derecha, hecho éste que es contrarrestado por la acción de la tiranta o lo que es lo mismo, las fuerzas a compresión transmitidas por los lados menores del triángulo a los nodos son contrarrestadas por la tensión que ejerce la tiranta. Estamos ante una estructura bidimensional y rígida, nodos y elementos son coplanares. Sin embargo, en el pie no podemos simplificar tanto y es preciso elaborar modelos que vayan un poco más allá y que serán motivo del siguiente artículo

Pablo Rodrigo Lopez, Artículo 1: los Mecanismos de Truss arch y Windlass.

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ENTESITIS PLANTAR / FASCITIS PLANTAR PROXIMAL (II)

Vistos en el artículo “Entesitis plantar / fascitis plantar proximal (I)”, aquellos factores de riesgo que provocan la entidad, vamos a intentar analizar algunos de ellos para demostrar cómo afectan a la integridad funcional y mecánica de la fascia.

Fascitis Plantar. Pie descalzo.Para ello tendremos en cuenta el concepto de “tolerancia”, entendiendo por tal el funcionamiento de una estructura dentro de unos límites que, rebasados, comienzan a conducir a alteraciones en su normal funcionamiento e incluso a su posterior colapso.

Así, podemos deducir que una fascia plantar será asintomática, cualquiera que sea la estructura del pie al que pertenezca, si trabaja dentro de los llamados límites de tolerancia. Esto es, si las tensiones a las que se ve sometida no generan un número de microtraumatismos tal que comprometan el  normal funcionamiento mecánico de la misma. Superado ese límite comenzará la disfunción y, posteriormente, el dolor.

Entesitis Plantar. Pie dentro de una zapatilla.Aclarado esto, tendremos, dentro de los llamados factores de riesgo extrínseco en el desencadenamiento de la fascitis plantar, todas aquellas situaciones de nuestra vida diaria en que forcemos, de manera excepcional o continuada, la fascia por encima de sus límites de tolerancia. Los más importantes son aquellos que afecten a la función amortiguadora de la misma (véase artículo “Biomecánica de la fascia plantar”) entre otros: estar de pie, caminar o correr en promedios de tiempo superiores a los habituales o en superficies más duras a las que normalmente pisamos.

Otro factor ligado al anterior es el uso de un calzado inadecuado a las demandas de amortiguación que exige la actividad que desarrollamos. No sólo en el contexto deportivo sino también profesional. No es raro ver usar zapatillas de velocidad, adecuadas para distancias cortas, cuando lo que se pretende es ganar fondo haciendo varios kilómetros o utilizar calzado diseñado para un deporte de pista, voleibol o fútbol sala por ejemplo, en un contexto urbano como la calle donde lo que predomina es el cemento y el asfalto. Así mismo, hay situaciones profesionales que deben tenerse en cuenta. No es igual la demanda de amortiguación en la fascia de un sujeto que esté largo tiempo de pie sin moverse, por ejemplo un empleado de caja en una gran superficie o en una cadena de montaje, de la que precisa el personal de una UVI móvil o un centro hospitalario. En el primer caso buscaremos una amortiguación más estática y en el segundo más dinámica.

Entesitis Plantar. Postura incorrecta del pie.Por último, señalar que determinadas posturas, así como gestos deportivos o profesionales, pueden generar estrés en la fascia y conducir a microtraumatismos en la misma. Situaciones laborales como la posición de cuclillas forzadas con apoyo sobre el antepié cargando peso o la de rodillas unilateral con flexión forzada del pie pueden, entre otras, generar una fascitis. También los ejercicios pliométricos, en que se solicita la aponeurosis de forma explosiva en un corto espacio de tiempo u otros como los de stepping o aquellos que involucren salto pueden conducir a ella. Recordemos, por tanto, que en cualquier situación en que llevemos a la fascia plantar por encima de sus límites de tolerancia, la posibilidad de una fascitis se incrementa tomando siempre en consideración los condicionantes de repetición en la superación de los límites de tolerancia y la magnitud con que éstos se rebasan.

Pablo Rodrigo Lopez, Artículo sobre la fascitis plantar (II).