Sus primeros pasos

Comienzan a descubrir el mundo que los rodea, gatean, dudan, a veces caen, de repente, sonriendo, se ponen de pie e intentan dar sus primeros pasos. Principia la coordinación motora entre el tronco y las extremidades, ponen en marcha el equilibrio. En esta etapa nos asaltan multitud de dudas. Es natural, son los comienzos de una nueva actividad. Empiezan a ser autónomos, se preparan para caminar…

¿Cuándo debo llevar a mi hijo a su primera revisión podológica y que información debo aportar en ella?

Un primer contacto podólogo-familia debería tener lugar entre los tres y cuatro años de edad. En esta visita es importante la información que los padres puedan aportar sobre la gestación y nacimiento, así como etapa preandante y andante de su hijo. Cómo fueron sus primeros pasos, si hubo o no fase de gateo previa, hábitos posturales al dormir, jugar o ver la televisión, actitud al caminar, etc. Por su parte el podólogo evaluará el pie atendiendo a su morfología y dinámica: tipo de huella, patrón de marcha, actitud en reposo y movimiento… La finalidad de este primer contacto es disipar dudas y temores de los padres, detectar posibles problemas y fomentar hábitos saludables.

Mi bebé se lleva con frecuencia los pies a la boca con la ayuda de sus manos. Le gusta jugar con los dedos del pie en sus labios. ¿A qué se debe esto?

Los pies del recién nacido tienen una sensibilidad táctil exteroceptiva (la que recoge las sensaciones externas a su cuerpo) más fina que la de sus manos. Esto es así hasta los 8-9 meses de vida y por ello no es extraño que los bebés se lleven, con la ayuda de sus manos, los pies a la boca. En realidad están poniendo en contacto dos áreas de gran percepción sensorial (boca y pie). A medida que pasan los meses se pierde, de forma gradual, esta sensibilidad e inicia otra más profunda, la propioceptiva (que nos informa de la posición y movimiento de nuestros segmentos corporales en el espacio).

Algunos bebés tienen una etapa de gateo corta y otros larga. ¿Debo preocuparme?

En absoluto. Lo normal es que los bebes comiencen a gatear entre los siete y diez meses y echen a andar entre los doce, quince e incluso dieciocho meses. El gateo es un aprendizaje locomotor que fortalece la musculatura de los hombros, espalda, glúteos y piernas, elementos que le ayudarán en la transición a la postura erguida. Pero lo cierto es que algunos bebes ni siquiera tienen etapa de gateo y fortalecen estas estructuras de otro modo: andan sentados, ruedan sobre su cuerpo, logrando caminar, finalmente, sin problemas.

¿Debo calzar a un bebé que aún no anda?

Existe una tendencia generalizada a que los niños se calcen precozmente. Así, en ocasiones oímos hablar de calzado para preandantes o calzado para ayudar al gateo. Lo cierto es que debemos diferenciar entre protección del pie frente agentes atmosféricos (frío) o mecánicos (rozaduras) y calzado propiamente dicho. Recientes investigaciones en neurofisiología y psicología evolutiva determinan que no es conveniente calzar, pero si, lógicamente, proteger cuando sea necesario (patuco, calcetín) el pie del bebé no andante. La razón es que durante la etapa previa al gateo y durante el gateo, los pies aportan estímulos (temperatura, texturas, irregularidades del terreno, etc.) que favorecen su desarrollo psicomotor.

¿Es bueno que mi bebé esté en ocasiones descalzo?

El contacto de la planta del pie y los dedos con diversas superficies permite recibir estímulos de temperatura o textura que estimulan, a su vez, la maduración del sistema nervioso y el control neuromuscular. Las superficies irregulares y el juego de percepción de distintas presiones en la planta y dedos favorecen los reflejos posturales, refuerzan la musculatura y mejoran la percepción cinestésica (la que el sujeto tiene de su cuerpo y, en especial, de los movimientos que realiza). Es por ello que, con las consecuentes prevenciones de protección térmica y mecánica, es bueno que los bebés realicen el aprendizaje de gatear y caminar descalzos.

¿Es conveniente el uso del taca-taca para favorecer que mi hijo camine antes?

El uso del tacatá o andador infantil es perjudicial e incluso peligroso. De hecho, en algunos países, como Canadá, está prohibida su publicidad y comercialización. En nuestro país, la Asociación Española de Pediatría desaconseja su uso. Hay que tener en cuenta que el bebé, de manera natural y poco a poco, realiza adaptaciones en su cuerpo para adoptar la postura erguida, mantenerse de pie y luego comenzar a caminar. El tacatá supone un artefacto que, extraño al proceso evolutivo, se introduce en él con implicaciones negativas en dichas fases. Por otra parte, el tacatá se encuentra involucrado como una de las causas más frecuentes de accidentes en el segundo semestre de vida.

Como puedo ayudar a mi hijo en la fase preandante (inicio de gateo, gateo y primeros pasos).

La primera clave es respetar sus etapas evolutivas y no comparar con otros niños. Cada uno de ellos tiene un “tempo” propio y el resultado final habrá de ser el mismo: caminar de manera autónoma. Sin embargo, si que podemos “ayudarles” en cierto modo. Para ello favoreceremos el contacto de la planta y dedos del pie con superficies irregulares y de distintas texturas, siendo lo ideal hacerlo con el pie desnudo o con la simple protección térmico/mecánica de un patuco, calcetín o pijama. Asimismo, podemos favorecer el gateo colocando juguetes u otros objetos deseables (los propios padres) fuera de su alcance para que intenten acercarse a ellos. Situar almohadones, cojines o cajas a modo de obstáculos para que los sortee también son otra “ayuda”.

Mi hijo ha comenzado a caminar. ¿Qué características debe tener su calzado?

El primer calzado de un bebé andante debe seguir una sencilla regla de oro que os vamos a razonar. Ésta es: “no obstaculizar el normal desarrollo del pie proveyendo, al mismo tiempo, de protección térmica y mecánica”. Así, su material de confección será suave y su interior bien forrado y amplio, tanto para permitir la movilidad del pie como para evitar rozaduras en su delicada piel. El empeine no debe apretar, la puntera y la suela han de ser flexibles, no excediendo la altura del calzado la del tobillo. La razón es que en esta etapa prima la movilidad del pie frente a la precisión del paso y es fundamental que ninguna articulación esté limitada en su rango de movimiento. Por último, una suela antideslizante y un contrafuerte robusto nos permitirán afianzar el pie en el suelo y estabilizar el talón. Sólo llevarán plantilla si así lo decidiesen el podólogo o el traumatólogo.

 

Podologo en Toledo. Sección sus primeros pasos en Pablo Rodrigo - Clínica del Pie.