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TUS CHANCLAS Y EL VERANO

Llega el verano y nuestras playas y piscinas, pero también calles y plazas, se pueblan de un tipo de chanclas que universalmente se conoce como “flip-flop” y que en nuestro país recibe nombres tan dispares como “sandalia de dedo” o “chancla de tira”.

Descendientes de la “zori” nipona, nacen de la adaptación que de aquella hicieron los soldados norteamericanos destinados en Japón al concluir la Segunda Guerra Mundial. Así, la suela de las “zori”, confeccionada en fibra de arroz, pasó a ser de material plástico y las bandas de sujeción al pie, más anchas, se estrecharon. Integradas en el estilo de vida californiano de playa y surf en la década de los setenta, su nombre anglosajón, “flip-flop”, deriva del sonido característico que se produce al caminar con ellas.

Actualmente, estas chanclas se fabrican en caucho, silicona o EVA y su uso, estacional y asociado al ocio, difiere por completo del de la sandalia que le dio origen. Así, las “zori” se pensaron para complementar al kimono, traje ceremonial japonés, y por tanto, para ser usadas en trayectos cortos. Igualmente, se empleaban en cualquier estación del año, protegiéndose el pie de los rigores del invierno mediante unos calcetines blancos llamados “tabi” que tenían la particularidad de tener una hendidura para el dedo gordo.

Calzado típicamente veraniego, las “chanclas de tira” tienen como ventaja su fácil colocación y elevada ventilación del pie. También su escaso peso, precio económico, fácil limpieza y rápido lavado y secado. Sin embargo, debemos recordar que, por su morfología plana, su adaptación al arco plantar es nula y que con frecuencia pueden acarrear diversas lesiones si se emplean en trayectos largos. Las más frecuentes son sobrecargas en la fascia plantar, por no haber adaptación pie-arco, tendinitis en primer dedo, por compresión de la tira de sujeción y esquinces en tobillo por su nula sujeción del pie.

Calzado ocasional, deja el pie expuesto a la acción de los agentes físicos y atmosféricos, por lo que su uso se debería limitar a trayectos cortos en zonas de piscina o playa, evitándolas en trayectos largos, paseos o caminatas tanto campestres como urbanas. Por supuesto, su utilización está contraindicada en la conducción de todo tipo de vehículos, su suela flexible y escasa adaptación al pie pueden hacer que se deslicen y traben con facilidad entre los pedales de un coche o una bicicleta y no es raro que también lo haga su puntera en los diversos dispositivos de seguridad presentes en atracciones mecánicas y de ocio, así como en los escalones de una escalera mecánica o un graderío.

Pablo Rodrigo Lopez, Artículo de Tus chanclas y el verano.